Una de las huellas emocionales más persistentes que deja el abuso narcisista no son los gritos ni los reproches directos, sino la culpa internalizada que la víctima comienza a cargar como si fuera parte de su identidad. Es una culpa difusa, silenciosa, pero profundamente corrosiva. A veces no puede explicarse con palabras, pero se siente como un peso en el pecho, una voz interna que repite: «fue mi culpa», «yo provoqué esto», «si hubiera actuado diferente, no estaría así».
¿Cómo se origina esta culpa?
El abusador narcisista no suele atacar de manera frontal desde el principio. Sabe manipular emocionalmente, mover hilos invisibles y hacer que la víctima dude de su percepción. Algunas formas comunes en que se instala la culpa son:
- Gaslighting: el narcisista tergiversa hechos, minimiza el daño que causa, o niega lo que dijo o hizo, haciendo que la víctima piense que está exagerando o imaginando cosas.
«No fue para tanto.»
«Eso nunca pasó.»
«Estás demasiado sensible.» - Proyección emocional: el narcisista proyecta sus errores, su agresividad o su malestar en la víctima, haciéndola responsable por todo.
«Mira lo que me haces hacer.»
«Siempre arruinas todo.»
«Me haces perder la paciencia.» - Recompensas intermitentes: alterna momentos de aparente afecto, elogios o reconocimiento con periodos de frialdad, desprecio o abuso. Esta dinámica crea confusión y hace que la víctima busque «merecer» de nuevo el afecto perdido.
«Si me quiere, es porque puedo hacerlo bien… si me trata mal, entonces algo hice mal.»
¿Qué formas toma la culpa en la víctima?
- Culpa por no haber puesto límites a tiempo.
- Culpa por quedarse en la relación laboral o personal.
- Culpa por haber confiado o por haberse ilusionado.
- Culpa por hablar del tema o por incomodar a otros con su dolor.
- Culpa por pensar en irse, por no poder irse, o incluso por sanar.
Incluso cuando la víctima logra alejarse físicamente del abusador, la culpa puede permanecer activa, funcionando como una especie de «programa interno» que sabotea su bienestar: no se permite descansar, no se siente merecedora de cosas buenas, o se exige constantemente demostrar su valía.
¿Por qué es tan difícil soltarla?
Porque la culpa se mezcla con el miedo, la necesidad de aprobación, la baja autoestima y el trauma emocional. Muchas veces, la víctima ha sido condicionada desde hace tiempo (incluso desde su infancia) a asumir la responsabilidad emocional por los demás. El narcisista simplemente explota esta herida preexistente.
¿Cómo empezar a liberarse de esa culpa?
- Nombrarla. Reconocer que ese sentimiento no es un reflejo de la realidad, sino una consecuencia de la manipulación emocional.
- Separar responsabilidad de culpa. Asumir que puedes haber cometido errores, pero eso no justifica el abuso recibido.
- Buscar apoyo terapéutico. Un profesional puede ayudarte a trabajar la autoexigencia y a resignificar lo vivido desde un lugar de compasión.
- Reescribir tu narrativa. Pasar del “yo tuve la culpa” al “yo hice lo mejor que pude con lo que sabía y con los recursos que tenía”.
- Practicar la autocompasión. Hablarte como lo harías con alguien que amas y que ha pasado por lo mismo.
Sanar de un abuso narcisista no es solo cortar el vínculo con el agresor. Es también sanar el vínculo contigo mismo. Y parte de eso es soltar la culpa que no te pertenece y devolverla, emocionalmente, a quien la generó.